Sábado, 7 de Novembro de 2009

"Olivenza oculta": emoção e saudade

Emoção e saudade (e casa cheia) na apresentação do livro Olivenza oculta, de González Carrillo.

 

APRESENTAÇÃO:

Excelentísima Diputación de Badajoz, Excelentísimo Ayuntamiento de Olivenza, autoridades, familia, estimados amigos, gracias por estar en este día tan importante junto a mí. Muchos de los que os habéis reunido aquí esta noche sois mis compañeros de camino en este trabajo que hoy vamos a desglosar de forma sencilla.

 

Me gustaría empezar esta charla con una pregunta: ¿Cómo materializa cada oliventino los recuerdos de su pueblo?, muchos, rememorando a los suyos, otros con la visión lejana de lo que ya vivieron… pero todos tienen una “imagen” dentro de su mente, todos llevan sus recuerdos encadenados a un instante, a un icono, al color de una tarde, al anochecer de las calles en verano, a las veladas en el paseo o a un instante llamado alegría o nostalgia.


Olivenza es todo esto, es parte de nuestra vida y parte de nuestros sentimientos.

 
Esta Olivenza se transcribe en muchos casos como la protagonista de nuestra infancia y adolescencia, en la riqueza de sus paisajes, en sus monumentos, sus calles, sus personas….
 
Olivenza es IMAGEN y como tal hay que entenderla. Imagen interna de nuestra vida, imagen que tenemos y debemos de saber exportar a nuestros hijos, a nuestros amigos, a los que nos visitan… imagen en donde reflejemos toda la sabiduría acumulada en 
su Historia escrita con mayúsculas.

 

Yo opté por la imagen, en mis anteriores libros aposté fuerte y con Olivenza Oculta también... siempre Olivenza.


Muchos ilustres oliventinos se han afanado durante años en recopilar, desmenuzar y transmitir la cultura escrita, los textos, los legajos, y la cultura popular de ese archivo que estaba en blanco hasta entonces. Otros, por el contrario, apostaron por el olvido, puesto que en el tiempo hubo de todo.


La fotografía no pudo convivir con la Olivenza portuguesa; no pudimos testimoniar mediante el positivado cómo fue el insólito día festivo del oliventino del siglo XVIII o los asedios del Duque de San Germán; sólo algunos documentos gráficos como los de Duarte de Armas nos acercan con sus trazos a la vila de entonces.


En los años que vivimos, algunos estamos apostando por la imagen, por el recuerdo fotográfico reencarnado en libro. Puesto que, como dice la frase, “una  escena vale más que mil palabras” y las generaciones venideras sin duda tendrán una educación basada en la cultura de la imagen.


La fotografía es mágica, nos retrotrae al pasado, da sentido al presente y nos relativiza. Cuando disparamos con nuestra cámara no reflejamos lo que somos, sino lo que fuimos. Tiene el poder de lo instantáneo, la personalidad del arte efímero y una
capacidad testimonial insuperable.


Olivenza Oculta tiene parte de todo lo mencionado. Con este trabajo me encargo de robar el protagonismo a la palabra para dárselo al objetivo, invitando al lector a que se motive por averiguar el porqué de cada fotografía.

 
La Olivenza Oculta que muestro no es absoluta, cada cual la encontrará más o menos pudorosa; aparentemente inanimada; sus fotografías reflejan su rico pasado portugués, su paleta de atardeceres o el inmenso legado que nos legó Manuel dos Santos en la
Misericordia.

Más de tres mil fotografías disparé para intentar captar la esencia de lo que yo considero fundamental -gráficamente hablando- en Olivenza. Casi dos años de trabajo en donde tuve el enorme privilegio de encontrarme de nuevo con secretos olvidados, con perspectivas redescubiertas y con la encrucijada de mediar entre lo inédito y lo
excesivamente expuesto.


Detalles de nuestras quintas, huellas de antiguos mayorazgos, frescos que reflejaron
esplendor, saudades aún celebradas, o fechas grabadas en piedra que ya a casi nadie
importan. Todo esto intenta transmitir Olivenza Oculta.


Muchas de estas fotografías viven en nuestro imaginario colectivo, pero lo que le da exclusividad a Olivenza Oculta, a mi entender, es la voluntad de agruparlas por temáticas, de recopilarlas como si pretendiéramos hacer el “making off” de una guía turística sin palabras.

 
Palabras por otro lado, desestimadas a conciencia, para dar absolutamente protagonismo a la imagen. Deseando que tanto el oliventino como el foráneo se adentre a resolverlas, que utilice en su juego mental expresiones como “esto me suena” o “ya lo conocía”. De forma que nuestro amor a Olivenza se potencie haciendo propio cada rincón o 
detalle mostrado.

 
Tuve la tremenda suerte de que un amigo verbalizara a modo de introducción mis pretensiones, y sin duda explicó como nadie la esencia de dicho trabajo en detalles enlazados entre Francisco de Arruda y un cierto sabor portugués; gracias, Quini.


En Olivenza Oculta, se maceran, como decía, las fotografías agrupadas en temáticas; busco en los Extramuros el sabor de la corta distancia, el indescriptible silencio de una atalaya o el viento petrificado en un camino que desemboca en murallas.


Escudos, campanarios olvidados que ya no suenan y toques “da Trindade” imaginarios conviven entre baluartes, detalles arquitectónicos o cementerios.


La Historia, cómo no, sirve de antesala y pretexto al Arte, creatividad forjada por Gregorio Lopes, por cinceladores de piedras imposibles que han sobrevivido hasta hoy en pórticos del mal llamado Palacio de los Duques de Cadaval.


Tradiciones que sólo Olivenza siente como propias y que ha escondido en el más absoluto secreto conviven en el ecuador del libro que nos tiene aquí reunidos.


Rejas mordidas por doncellas en noches románticas de San Juan, milagros imposibles
producidos por centellas que Nuestro Señor de los Pasos supo amparar, tumba ahora vacía en donde Maria da Cruz se llevó sus místicas confesiones y fuentes que curaban enfermedades imposibles. ¡Olivenza! Cuántos capítulos pendientes tienes con muchos de tus hijos menos celebrados.

 
También encontré un hueco para la Olivenza pétrea, aquella que supo sacar de un elemento tan básico maromas de barco, baluartes olvidados, tumbas ya ilegibles y marcas de canteros que el pasado engulló.

 

Legado que debemos aprender a administrar, a dosificarlo y conservarlo en su justa
medida, aquella balanza que da brillo a nuestros antepasados y que por sutil sabe mostrar lo más popular de nosotros mismos.

 

Chimeneas y courelas maltratadas por el tiempo, hornacinas que sirvieron para amparar a nuestros gremios y ruas que nos piden ser conservadas con la misma benevolencia que las más transitadas.

 

También Olivenza, como otros enclaves, bebió de la religión, de aquella que sirvió como pretexto para ornamentar nuestros passos y altares, de excusa para erguir ermitas y hacer del azulejo eje de nuestra peculiar capilla Sixtina reencarnada en Hospital; pero que también olvidó en sus rincones tallas religiosas de valor incalculable y retablos de
talla dorada abandonados a la suerte de los años.

 

Este glorioso pasado debemos de recuperarlo para congraciarnos con nuestros antepasados, como el legado medieval de valor inimaginable sometido a su suerte en nuestra Torre del Homenaje,  las poesías que sirvieron de consuelo al preso o las cruces de salvación en chimeneas que ya nadie quiere salvar.

 

Planos superpuestos en donde canteros, ceramistas o imagineros supieron crear la perfecta coartada que llena a Olivenza hoy en día de turistas que se sienten más “cultos” al percibir un enclave con una personalidad especial.

 

Vestigios culturales que debemos de aprender a administrar de forma eficiente para que
nuestra cultura no se diluya en la hoguera de la globalización popular. Aquella que no entiende de fronteras y que se puede escenificar como un puente roto lleno de vulgaridad.


Olivenza, la Olivenza de todos, es y debe ser paisaje, recuerdo y sensibilidad. Portadas barrocas que aguardan en caminos de tierra, aldeas que equilibran su historia a la de
grandes ciudades, personajes que como el proscrito Ernesto supieron sobrevivir al olvido junto a crónicas de reyes o beatas.

 

Olivenza Oculta intenta agrupar la esencia de todo lo anteriormente mencionado. Ciudad de historia compartida, busca en los detalles las señas de su identidad mal interpretada en múltiples ocasiones.

 

Desde la neutralidad de la fotografía, la historia, la tradición o el paisaje son llevados de la mano para interpretar una partitura que ni Vicente Lusitano pudo imaginar en sus días de gloria.

 

La Olivenza de las dos culturas, aquella que más tarde o más temprano servirá de salvoconducto a un soñador como yo, busca la explicación de su existencia en cualquier
piedra de Santa María o en los caminos que llevan a la Quinta de San Juan.

 
Este que os habla ahora, sólo busca en la excusa de la imagen su identidad, su bienestar
espiritual y expresar su tremendo amor por mi querido pueblo, por Olivenza.

 
Gracias a todos por estar aquí en este día tan importante para mí. Gracias de verdad.

 
José Antonio González Carrillo

 

 

Publicado por AG às 17:44
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