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ALÉM GUADIANA

Associação Além Guadiana (língua e cultura portuguesas em Olivença): Antigo Terreiro de Santo António, 13. E-06100 OLIVENÇA (Badajoz) / alemguadiana@hotmail.com / alemguadiana.com

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Olivença, coração dividido

AG, 25.09.14

 

 

 

Escapada

Olivenza, ese corazón dividido

Encajada en la fina raya que separa España y Portugal, es el carácter fronterizo lo que define la esencia de esta hermosa localidad extremeña, que bebe de uno y otro lado para salvaguardar su historia, su arte y su personalidad.

Dos amores tiene esta localidad asentada al filo del Guadiana, en la llamada raya entre los países ibéricos. Dulzura lusa y gracia extremeña, aire flamenco y ráfagas de fado. Influjos entrecruzados que se cuelan por su legado patrimonial, por esa historia tatuada con el carácter fronterizo. Ya lo dice un viejo cántico popular: Las mujeres [sic] de Olivenza / no son como las demás / porque son hijas de España / y nietas de Portugal.

 

 

Así es desde 1801, cuando este bello rincón de Badajoz cambio la cedilla por la zeta, de Olivença a Olivenza, tras una guerra con el país vecino que alumbró también, todo sea dicho, un litigio que pervive hasta nuestros días. Hoy sin embargo es su alma desdoblada la que define su personalidad, la que se filtra por su entramado de calles estrechas y casas encaladas para luego descender al paisaje de dehesas que se pierde en el horizonte, donde el cerdo ibérico –y el rico jamón- sirven más para hermanar que para distanciar a las dos naciones.

Artes y costumbres

Calle tradicional de Olivenza.

 

En Olivenza lo pacense lo pone el encanto genuinamente extremeño de sus gentes, la tradición que ha quedado plasmada en el Museo Etnográfico González Santana, donde se expone la vida cotidiana de los siglos XIX y XX: utillaje agrícola, molinos de aceite, barberías, talleres de forja... Pero Olivenza tampoco puede obviar el peso portugués que le confiere el pasado y su correspondiente nostalgia: la ciudadela medieval a la que dio forma el rey Don Dinís sobre los restos de una fortificación templaria; el esplendor del arte manuelino en la Iglesia de la Magdalena y sus columnas entorchadas; la azulejería de la Casa de Misericordia, alicatada hasta el techo en azul y blanco.

 

Abordar esta joya supone subir primero a la Torre del Homenaje para admirar las vistas que se vierten sobre el inmaculado caserío, lo que queda de su muralla y las Puerta Reales, y al fondo, entre campos infinitos de olivos, encinas y alcornoques, las ruinas del Puente de Ajuda sobre el río-frontera, que ejerce hoy de agradable merendero donde solazarse con la naturaleza.

La técula mécula

La ciudad al anochecer.

 

Después, a pie, habrá que discurrir entre Iglesias como Santa María del Castillo, conventos como el de los Franciscanos o las Clarisas y otros muchos monumentos de interés como el Palacio de los Duques de Cadaval, el Cuartel de Caballería o los numerosos baluartes de los tiempos en que Portugal luchó para independizarse de la corona española a mediados del siglo XVII.

 

Quedan entonces las pequeñas cosas que son pura fusión de las dos influencias. Las fiestas que alegran en alma oliventina con el Entrudu (o carnaval) y la renombrada temporada taurina. También la artesanía (bordados, cerámica, azulejos con óxido de cobalto...) que sale al paso en cualquier esquina. Y la gastronomía, un híbrido extremeño-alentejano que tiene su producto estrella en la técula mécula, el postre con nombre de pócima que es, más que un pecado goloso, toda una marca registrada de la fronteriza Olivenza.

http://www.ocholeguas.com/2014/09/04/espana/1409826032.html